02 octubre 2010

Vale más un lápiz corto que una memoria larga

A mediados de 2007 se hizo evidente que mi padre, aunque pudiera vivir sólo, precisaba de un seguimiento exhaustivo. Aunque aún era capaz de orientarse perfectamente en su barrio, no era posible ya que cocinara o se ocupara de otras tareas domésticas, amén de necesitar una supervisión diaria para comprobar que su estado general era estable, que la medicación seguía la pauta necesaria y para reforzar su estado de ánimo.

Para ese seguimiento fue necesario organizarnos entre los tres hermanos además de contar con cuidadores externos y una asistenta doméstica. A veces era difícil resolver la comunicación entre todos. Había que acordarse de poner al día al siguiente cuidador (quienquiera que fuese). A veces no le encontrabas, a veces nos olvidábamos de explicar alguna cosa. Así que al final se nos ocurrio utilizar una agenda común y corriente para que quien acudiera a casa de mi padre apuntara cualquier cosa que pudiera parecerle relevante.

Allí fuimos apuntando no sólo las citas médicas o cuando había que recoger unas recetas. También fué útil para saber cuándo se le habían cambiado las pilas de los audífonos o que había comido -por aquello de mantener una alimentación equilibrada y no repetir su menú favorito hasta que lo aburriera-
"18 de mayo de 2007. Viernes. Ha ido sólo a comprar dos limones y ha vuelto sin novedad (pero cansado). Pescado al horno. Crema de calabacín."
La palabra escrita tiene una evidente ventaja sobre la oral. Hasta la mejor memoria es traicionera. No es ya que olvidemos los sucesos, es que cuando los recordamos solemos teñirlos del tono de nuestro estado de ánimo en ese momento o del de nuestras obsesiones personales.
"31 de mayo de 2007. Jueves. Hemos sacado los pantalones de verano. Repasamos los días de la semana. Los sabe y por orden, pero estaba convencido de que hoy era miércoles y le molesta que mañana no sea jueves. No quiere preparar el dinero para el comedor."
Tener una prueba escrita de qué pasó aquellos días, nos permite ahora recordar fielmente cómo fue todo el proceso, además de dejar constancia de cuando fue la última vez que hicimos algunas cosas juntos.
"3 de junio de 2007. Domingo. Fuimos a ver a Tía Teresa y al cine a ver "Las vacaciones de Mr. Bean"."
Inevitablemente, las notas nos retrotraen a una época en que mi padre aún conservaba parte de su independencia y de su capacidad para relacionarse con el mundo.
"12 de junio de 2007. Martes. Pagado a Jordi menús de la semana. Saludó a Isabel (madre de Jerónimo -amigo de infancia de Angel) en la calle y me la presentó.
Releyendo esas páginas, descubro también cómo vivió cada uno de los protagonis"tas aquella historia. No sólo los reconozco por la letra. También por el tono y el contenido, que dejan entrever el carácter de cada uno.

"12 septiembre de 2007. Miércoles. Hora con médico cabecera a las 15:50 para ver resultado análisis orina. No tiene infección, pero sí artritis en la rodilla (inflamación). Ha de tomar antiinflamatorios (desayuno y cena) y protector estómago (ayunas). Dra. recomienda reposo y frío en la rodilla."

"16 septiembre de 2007. Domingo.No toma el protector de estómago (se lleva una bonita bronca)."

"7 de noviembre de 2007. Miércoles. Se preparó los libritos, los he dejado en la nevera. Limpieza normal. Don Ángel me ha enseñado un rompecabezas que está debajo del mantel del comedor y armamos algunas piezas, luego se cansó y no quiso hacer más."