Mayo de 2008 fue un mes especialmente duro. Sin ningún preaviso, a los problemas de lenguaje y de memoria de mi padre, se sumaron inesperados delirios. Nadie nos había avisado de que pudiera suceder aquello. Cuando aparecieron ni siquieras teníamos una palabra para definir las reacciones de mi padre, tal era nuestro desconocimiento.
Aquel mes inscribimos a mi padre en el centro de día de la zona e intentamos convencerle de que acudiera a él regularmente. Por aquel entonces aún era capaz de orientarse en su propio barrio. Sin embargo, chocamos con su resistencia frontal a estar encerrado casi todo el día en un local, haciendo actividades que no parecían ser demasiado de su interés.
Desconozco si puede tener alguna relación con la aparición de los delirios, pero por la misma época, cuando acompañábamos a mi padre comenzaba repentinamente a insistir que debíamos ir a buscar a alguien, quien supuestamente era retenido contra su voluntad. Es todo lo que pudimos deducir de las cortas frases que pronunciaba: "tenemos que ir a buscarla", "es que no está".
Intentar razonar no servía de nada. En realidad, hasta físicamente era difícil retenerle, puesto que aún conservaba una excelente forma física. Otros días la obsesión parecía derivar por los temas religiosos, aunque nunca fue practicante. En esas ocasiones se empeñaba en ver al párroco de alguna iglesia o preguntaba compulsivamente si todos estábamos bautizados.
Después de consultar con el médico, nos confirmaron que era un proceso habitual de la enfermedad y nos recetaron un anti psicótico para controlar los delirios.
Como después de los primeros días no parecían remitir, fuimos aumentando la dosis. Pero al cabo de dos semanas mi hermana encontró a mi padre sentado en el sofá, vencido hacia adelante y sin casi poder moverse.
Cuando acudió el médico de urgencias nos confirmó que esos medicamentos pueden reducir la movilidad de los enfermos drásticamente hasta dejarlos aplatanados. A partir de ahí rebajamos la dosis hasta ajustarla, de forma que los delirios no volvieran, pero tampoco afectara a su motricidad.
Sin duda son medicamentos necesarios para tratar el problema de los delirios. Cuando mi padre era arrastrado por alguna de aquellas "visiones" controlarlo era casi imposible. Pero también se hace preciso utilizarlo de forma prudente, para no afecte a otros aspectos y pueda empeorar su calidad de vida.