31 mayo 2013

Venid y vamos todas...se acaba el mes de las flores y de la renta

Como tutora de mi padre he de presentar cada año la rendición de cuentas. El primer punto es la declaración de la renta correspondiente.

Ya el primer año utilicé los servicios de cita previa de la Agencia Tributaria, lo que resultó muy útil, ya que me informaron de varios puntos importantes. De hecho, esa visita fue el detonante del inicio de este blog.

Si embargo este año, cuando inicié el trámite en internet para pedir cita previa descubrí que el formulario de solicitud había cambiado. Al completarlo y solicitar la cita, la pantalla me devolvía un mensaje de advertencia: "mi declaración no se podría resolver en esa cita previa".

Como no suelo resignarme ante el primer contratiempo, lo revisé detenidamente y me dí cuenta de que el problema era la respuesta a la pregunta de si había inmuebles arrendados y cuántos. Mi respuesta era 2 ó más. Para poder confirmar mi teoría, decidí hacer trampa y poner sólo un inmueble arrendado...tachán, pasé a la siguiente pantalla con todas mis vidas intactas.

Aún así, no soy tan ingenua como para engañarme a mi misma y decidí intentar solucionarlo por mi cuenta, ya que probablemente me iba a encontrar con que efectivamente los servicios de la Agencia Tributaria no lo pudieran resolver cuando llegara el momento.

Cuando digo que tenemos dos inmuebles alquilados, me siento como Scarlett O'hara hablando de la plantación familiar. En realidad se trata de la que fuera vivienda habitual de mi padre hasta que ingresó en un centro de asistencia y de una segunda residencia muy modesta, construida por él mismo, como muchos de los emigrantes de su generación, quienes acababan siempre comprando un "terrenito" en el que pasar los fines de semana plantando un huerto.

Así que, con la cita previa como plan B y las declaraciones anteriores como ejemplo, me dispuse a modificar el borrador desde la web de la Agencia Tributaria. Ni por esas. Todos los intentos de poner alguno de los inmuebles como arrendado acababa en una pantalla de advertencia que decía que no era compatible con la modificación desde el borrador.

Nunca he sido aficionada a los videojuegos, pero me crezco en las yincanas informáticas de la administración pública. No sería la primera vez que hiciera la declaración con el programa Padre, de la propia Agencia Tributaria. Después de descargarlo, al menos me llevo la agradable sorpresa de que en la versión actual es posible importar el borrador que ya tengo, lo que me ahorra cuando menos volver a rellenar lo que ya sirve.

Después de haberme estudiado las declaraciones anteriores y de haberme peleado con el borrador en la web de la Aeat, tengo ya claro cuáles son las casillas que debo completar, pero aún tengo algunas dudas  ¿Tenemos derecho a alguna reducción en el caso de los arrendamientos? ¿Implica algo que uno de los inmuebles esté alquilado a un familiar? ¿He de incluir las ayudas a la dependencia en las casillas 686 y 687 para "Rentas exentas, salvo para determinar el tipo de gravamen correspondiente a la base liquidable..."?

He agotado todos mis recursos propios, pero aún me queda el comodín de la llamada al servicio telefónico de la Agencia Tributaria 901 33 55 33.

Aunque tengo buena opinión de los profesionales de la Agencia Tributaria, reconozco que cuando llamé lo hice con cierto escepticismo. Sin embargo volvieron a sorprenderme agradablemente. El tiempo de espera fue realmente corto y la primera persona que contestó al teléfono supo responder a todas mis preguntas. Sólo dudó ante las casillas 686 y 687, pero tras una consulta rápida me contestó también con seguridad que no era preciso rellenarlas, ya que estaban destinadas únicamente a ayudas recibidas en países extranjeros. En menos de 5 minutos, todas mis dudas resueltas.

Así que anulé la cita previa (espero que la pudiera utilizar alguien que la precisara más) y presenté la declaración a través de www.aeat.es.

Mientras escribo esto, me acaba de llegar el sms anunciando que se ha ordenado la transferencia de la devolución: 16,08 €



02 mayo 2013

Nunca digas nunca jamás: segunda visita a la Dra. Flaca

Aunque la enfermedad acarrea muchos sinsabores, también nos ha aportado algunos aprendizajes positivos, como que nunca hay que perder la esperanza.

Cuando en agosto de 2010 visitamos a la Dra Flaca, para la revisión de la válvula de Hakim que le habían instalado tres años antes (Ver entrada de agosto 2010), la doctora se despidió diciéndonos que pidiéramos la nueva visita de revisión en dos años. Yo no pude evitar escribir un "Dios mediante", porque ya en la precariedad de entonces, que nos programaran cita para 24 meses más tarde sonaba casi a broma macabra.

En estos casi dos años y medio hemos vivido y sentido mucho. En innumerables ocasiones hemos pensado que habíamos iniciado la cuesta abajo a toda velocidad y sin frenos y que el final podía estar muy cerca. Pero aquí seguimos.

Este año la logística para la visita resultaba aún más complicada. Para empezar hay que acceder hasta la nueva residencia, a 25 km de casa, con tiempo más que suficiente. De hecho, nos han programado la ambulancia dos horas antes de la visita médica, lo que parece un exceso, pero parece que eso lo decide la  compañía de ambulancias, que son los que saben. Sin embargo, deben haberse dado cuenta de su error, porque aparecen con 45' de retraso sobre el horario que ellos mismos se han previsto.

Esta vez, al no ser conductores habituales del centro sanitario Valle Hebrón, tardamos un rato en llegar a los módulos prefabricados. Si algo nos queda claro nada más llegar, después de dos años y medio, es que los módulos provisionales están ahí para quedarse y seguramente acabarán durando más que algunos edificios en piedra del complejo.

Se nota que todo se ha ido adaptando a esa temporalidad permanente. Al famoso lector de tarjetas de la entrada alguien le ha tapado con esparadrapo la rendija lateral, para impedir que los usuarios se desgasten pasando inútilmente la tarjeta sanitaria. Por las puertas entreabiertas de las consultas, veo también que algunos médicos se ha instalado primorosas vitrinas de madera y cristal para colocar su bibilioteca de libros médicos. Aparte de esos detalles, todo está más o menos como cuando vinimos la última vez.

También esta vez la espera es larga. A pesar de los inconvenientes inesperados, hemos llegado 30' antes de la visita y, como es habitual, van con retraso. Cuando finalmente nos recibe, hacemos una auténtica visita de médico. Algo lógico, dado que la interacción es muy pobre y la evolución evidente. Mi padre ya muy rara vez emite alguna palabra y no puede caminar. Finalmente, la doctora nos informa de que, puesto que la válvula está abierta al máximo y por tanto hace todo lo que puede, no ve la necesidad de hacernos volver y nos da el alta definitiva. Teniendo en cuenta el trastorno que supone cada visita, resulta un gran alivio, la verdad.

Cuando salimos de la consulta estamos ya prácticamente solos en el módulo.

En todas las visitas médicas anteriores, aunque hayamos pedido una ambulancia para el traslado de mi padre al centro médico correspondiente, siempre hemos utilizado un taxi para la vuelta. Pero en esta ocasión, previendo que el dispendio puede ser elevado, he tenido la precaución de preguntarle al conductor de la ambulancia qué habíamos de hacer para regresar y, gracias a eso, me ha dado el teléfono de la compañía a la que hay que llamar para solicitar el servicio una vez haya acabado la visita.

Cuando por fin salimos, la propia recepcionista les avisa para que pasen a recogernos y a nosotros para que nos armemos de paciencia. La leyenda urbana dice que los servicios de ambulancia de regreso siempre tardan una eternidad.

Finalmente tardan 45 minutos, lo mismo que la recogida que se programó la propia compañía con días de antelación.

Me parece muy curioso que en ninguna de nuestras múltiples visitas médicas, nunca una compañía de ambulancias nos haya advertido de que el viaje de regreso se podía solicitar con una simple llamada. De hecho nunca se molestaron en dejarnos un número de teléfono, de lo cual deduzco que siempre cobraron el servicio sin haberlo prestado, puesto que me acabo de enterar que el volante que se les entrega al principio es válido para el servicio completo. Empiezo a sospechar quién puede haber alimentado la leyenda urbana sobre la tardanza en los servicios de regreso. Decido dejar de pensar.