19 febrero 2011

El señor del ascensor

A mi padre le cae extraordinariamente bien el señor del ascensor. Cada vez que lo ve, lo saluda calurosamente y le dedica una amplia sonrisa. Tan amplia que a veces acaba derivando en una sucesión de muecas de todo tipo.

Está claro que tienen una excelente relación, la de dos amigos entrañables que, no sólo se rien juntos, sino que se permiten también reirse el uno del otro, haciéndose continuas chanzas.

De hecho, les cuesta separarse. De tal manera que, para salir del ascensor, muchas veces tengo que insistir y casi "tirar" de mi padre.

Le llamo el señor del ascensor porque se pasa la vida allí. Cualquiera que sea el ascensor que cojamos -la residencia tiene dos- él nos recibe dentro.

Curiosamente va siempre con una señora igualita a mí.

07 febrero 2011

De nuevo un respiro

Después del pasado viernes, ayer domingo acudí a la residencia con la incógnita de si la debilidad extrema se habría aliviado. Ha bastado levantar a mi padre de su silla, para comprobar que, efectivamente, había recuperado la fragilidad habitual, todavía llevadera.

De todas formas, para no correr riesgos innecesarios, no nos alejamos demasiado de la residencia.

Por suerte, justo enfrente hay un parque infantil y eso nos permite, yendo a paso lento y parándonos a contemplar de pié o confortablemente instalados en un banco, entretener hora y media sin cruzar más que un semáforo, de los que duran un buen rato con el peatón en verde.

Uf! Al menos un pequeño respiro.

04 febrero 2011

Un pasito p’alante, un pasito p’atrás

Como todos los viernes por la tarde, hoy realicé mi visita habitual a mi padre en su residencia. Hoy las piernas volvían a fallar. El paso era temblequeante y se inclinaba sospechosamente hacia el lado izquierdo. Así que para evitar posibles caídas he optado por pedir prestada una silla de ruedas para dar un paseo.

Normalmente, después de alejarnos un poco con la silla, insisto para que ande un poco; pero hoy mi padre no ha dado ninguna señal de querer levantarse a andar y finalmente he decidido que hoy ambos teníamos el derecho de rendirnos. Por mucho que sea bueno ejercitar la disciplina y hacer al menos el intento, con todo esto también he aprendido que en algunas ocasiones es más sano dejarse ir que empecinarse en algo que nos va a dejar un amargo sabor de boca.

Cruzo los dedos para que sea algo temporal, pero sabemos por experiencia, que en esta evolución después de un paso hacia atrás, el paso adelante es lo temporal. Eso ha sido hoy. El domingo, Dios dirá.