Como todos los viernes por la tarde, hoy realicé mi visita habitual a mi padre en su residencia. Hoy las piernas volvían a fallar. El paso era temblequeante y se inclinaba sospechosamente hacia el lado izquierdo. Así que para evitar posibles caídas he optado por pedir prestada una silla de ruedas para dar un paseo.
Normalmente, después de alejarnos un poco con la silla, insisto para que ande un poco; pero hoy mi padre no ha dado ninguna señal de querer levantarse a andar y finalmente he decidido que hoy ambos teníamos el derecho de rendirnos. Por mucho que sea bueno ejercitar la disciplina y hacer al menos el intento, con todo esto también he aprendido que en algunas ocasiones es más sano dejarse ir que empecinarse en algo que nos va a dejar un amargo sabor de boca.
Cruzo los dedos para que sea algo temporal, pero sabemos por experiencia, que en esta evolución después de un paso hacia atrás, el paso adelante es lo temporal. Eso ha sido hoy. El domingo, Dios dirá.
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