19 febrero 2011

El señor del ascensor

A mi padre le cae extraordinariamente bien el señor del ascensor. Cada vez que lo ve, lo saluda calurosamente y le dedica una amplia sonrisa. Tan amplia que a veces acaba derivando en una sucesión de muecas de todo tipo.

Está claro que tienen una excelente relación, la de dos amigos entrañables que, no sólo se rien juntos, sino que se permiten también reirse el uno del otro, haciéndose continuas chanzas.

De hecho, les cuesta separarse. De tal manera que, para salir del ascensor, muchas veces tengo que insistir y casi "tirar" de mi padre.

Le llamo el señor del ascensor porque se pasa la vida allí. Cualquiera que sea el ascensor que cojamos -la residencia tiene dos- él nos recibe dentro.

Curiosamente va siempre con una señora igualita a mí.

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