Una de las sensaciones que se ha vuelto familiar en todo este recorrido es la de las primeras veces que llegan para quedarse.
Ha pasado con cada nueva experiencia. Un bien día aparece inesperadamente y te pilla por sorpresa. No sabes qué es aquello, por qué ocurre si nunca había ocurrido antes. Algunas las tomas sólo como contratiempos, otras realmente llegan a asustar por el desconocimiento. Con el tiempo -mucho o poco- aquello que ocurrió por primera vez vuelve a repetirse a menudo, para al final, acabar incorporándose a la rutina diaria.
En estos años ha habido infinidad de ejemplos: la primera vez que mi padre no conseguía recordar una palabra, la primera vez que se perdió paseando por la ciudad, la primera vez que tuvo un delirio, el primer caso de incontinencia urinaria, la primera vez que aparecieron los temblores, la primera vez que tuvo dificultades para caminar...
Cada una de esas primeras veces llegó como un mirlo solitario, pero después vimos cómo se fueron haciendo habituales, hasta acabar formando parte de la cotidianidad.
Así que después de ese largo aprendizaje, cada primera vez es vista con el recelo de quien sospecha que que puede ser el tráiler de la película que va a ver a continuación.
Ha pasado hace poco, cuando las estancias de mi padre en la cama se van haciendo más asiduas por diferentes achaques: una llaga, una nueva infección respiratoria. Nada con mucha importancia, pero cada vez más regular.
Sucedió la semana pasada, cuando decidieron darle la comida triturada porque estaba en cama, adormilado por el tratamiento con antibióticos que intentaba ayudarle a combatir la última infección respiratoria. Nada grave, algo únicamente puntual, pero que despertó todas las sospechas de que podía ser el anuncio de lo que está por llegar.
En estos años ha habido infinidad de ejemplos: la primera vez que mi padre no conseguía recordar una palabra, la primera vez que se perdió paseando por la ciudad, la primera vez que tuvo un delirio, el primer caso de incontinencia urinaria, la primera vez que aparecieron los temblores, la primera vez que tuvo dificultades para caminar...
Cada una de esas primeras veces llegó como un mirlo solitario, pero después vimos cómo se fueron haciendo habituales, hasta acabar formando parte de la cotidianidad.
Así que después de ese largo aprendizaje, cada primera vez es vista con el recelo de quien sospecha que que puede ser el tráiler de la película que va a ver a continuación.
Ha pasado hace poco, cuando las estancias de mi padre en la cama se van haciendo más asiduas por diferentes achaques: una llaga, una nueva infección respiratoria. Nada con mucha importancia, pero cada vez más regular.
Sucedió la semana pasada, cuando decidieron darle la comida triturada porque estaba en cama, adormilado por el tratamiento con antibióticos que intentaba ayudarle a combatir la última infección respiratoria. Nada grave, algo únicamente puntual, pero que despertó todas las sospechas de que podía ser el anuncio de lo que está por llegar.
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