Anotaciones en el camino a través del Alzheimer y la demencia vascular de mi padre. Por si lo que aprendí le fuera útil a alguien
05 agosto 2011
Visita a la Dra. Cau
04 agosto 2011
Rendición de cuentas 2
23 julio 2011
¡Mucho, mucho, mucho! (de los enfados y cambios de humor)
22 marzo 2011
Consulta médica
Después de un par de semanas se hace evidente que el deterioro de mi padre avanza muy deprisa. Las dificultades para moverse hacen que ya sólo caminemos durante periodos de 10 minutos como mucho y por la planta o en la cafetería de la residencia.
Esta semana ha fallecido su compañero de habitación. La familia me ha explicado que había llegado ya a la fase en que no era capaz de ingerir alimentos, así que la decisión final ha sido mantenerle con suero hasta el fallecimiento. La otra opción era la alimentación forzada directa al estómago, lo que como mucho hubiera prolongado la existencia unas semanas sin la mínima calidad de vida deseable.
En vista de todo eso y para comentar como ha funcionado la medicación para los temblores, hago una consulta telefónica con la doctora de la nueva planta. Me confirma lo que ya imaginaba, que cada paciente es distinto, pero que las fases se parecen y pasan por el deterioro de la movilidad y otras funciones hasta llegar efectivamente a la pérdida de la posibilidad de ingerir alimentos. También que el medicamento efectivamente está funcionando bien, ya que los temblores han remitido.
En la conversación telefónica que mantenemos aprendo colateralmente otros datos: que la imposibilidad de andar o de realizar otras actividades no vienen por un deterioro físico, sino de tipo neurológico, es decir, no es que se queden sin fuerzas, sino que el cerebro deja de ser capaz de dar las instrucciones necesarias. Se confirma así esa sensación intuitiva de estos años de que estaba “desaprendiendo” en orden inverso todo lo aprendido en la vida.
La otra mala noticia, es que el medicamento que ahora combate los temblores en ocasiones deja de ser efectivo al cabo de una temporada y los temblores vuelven a presentarse con mayor virulencia. Tal vez es demasiado pronto para alegrarse por la desaparición de los temblores, pero en el peor de los casos habremos ganado un tiempo con mayor calidad de vida.
02 marzo 2011
4ª planta
La teoría está muy bien, pero eso implica que "subir" de planta es asumir que se ha pasado a la siguiente fase de la enfermedad. Difícil de digerir. Al menos para mí.
Ante las primeras menciones a esa posibilidad, mi reacción fue siempre negativa, así que cuando llegó el "consejo" de pasarlo a la planta cuarta mi actitud fue de abierta resistencia. Es verdad que el estado general de mi padre había empeorado, pero el traslado significaba asumir que ese empeoramiento sería ya definitivo, sin vuelta atrás. Los argumentos del equipo médico seguramente eran razonables. Mi padre ya no era reactivo a ciertos estímulos. Pero mi temor es que precisamente en una planta donde habrá menos estímulos, le estamos también alentando a aletargarse.
A eso se añade la inquietud de si, a pesar de su aparente inmutabilidad, no sentirá que le estamos "desahuciando" y, como consecuencia, si no se dejará ir.
Después de contraatacar cada argumento, llego a la conclusión de que yo soy la única que no se resigna a asumir la nueva situación. Mis hermanos y el personal de la residencia parecen verlo claro. Así que cuando me quedo sola con mis argumentaciones asumo que tal vez la que no está viendo claro soy yo.
Quedamos de acuerdo en que harán el cambio en cuanto sea posible organizarlo. Mientras vuelvo hacia casa no puedo evitar sentir que estoy traicionando a mi padre.
19 febrero 2011
El señor del ascensor
A mi padre le cae extraordinariamente bien el señor del ascensor. Cada vez que lo ve, lo saluda calurosamente y le dedica una amplia sonrisa. Tan amplia que a veces acaba derivando en una sucesión de muecas de todo tipo.
Está claro que tienen una excelente relación, la de dos amigos entrañables que, no sólo se rien juntos, sino que se permiten también reirse el uno del otro, haciéndose continuas chanzas.
De hecho, les cuesta separarse. De tal manera que, para salir del ascensor, muchas veces tengo que insistir y casi "tirar" de mi padre.
Le llamo el señor del ascensor porque se pasa la vida allí. Cualquiera que sea el ascensor que cojamos -la residencia tiene dos- él nos recibe dentro.
Curiosamente va siempre con una señora igualita a mí.
07 febrero 2011
De nuevo un respiro
Después del pasado viernes, ayer domingo acudí a la residencia con la incógnita de si la debilidad extrema se habría aliviado. Ha bastado levantar a mi padre de su silla, para comprobar que, efectivamente, había recuperado la fragilidad habitual, todavía llevadera.
De todas formas, para no correr riesgos innecesarios, no nos alejamos demasiado de la residencia.
Por suerte, justo enfrente hay un parque infantil y eso nos permite, yendo a paso lento y parándonos a contemplar de pié o confortablemente instalados en un banco, entretener hora y media sin cruzar más que un semáforo, de los que duran un buen rato con el peatón en verde.
Uf! Al menos un pequeño respiro.
04 febrero 2011
Un pasito p’alante, un pasito p’atrás
Como todos los viernes por la tarde, hoy realicé mi visita habitual a mi padre en su residencia. Hoy las piernas volvían a fallar. El paso era temblequeante y se inclinaba sospechosamente hacia el lado izquierdo. Así que para evitar posibles caídas he optado por pedir prestada una silla de ruedas para dar un paseo.
Normalmente, después de alejarnos un poco con la silla, insisto para que ande un poco; pero hoy mi padre no ha dado ninguna señal de querer levantarse a andar y finalmente he decidido que hoy ambos teníamos el derecho de rendirnos. Por mucho que sea bueno ejercitar la disciplina y hacer al menos el intento, con todo esto también he aprendido que en algunas ocasiones es más sano dejarse ir que empecinarse en algo que nos va a dejar un amargo sabor de boca.
Cruzo los dedos para que sea algo temporal, pero sabemos por experiencia, que en esta evolución después de un paso hacia atrás, el paso adelante es lo temporal. Eso ha sido hoy. El domingo, Dios dirá.
28 enero 2011
Propósitos para 2011
Casi nos hemos pulido el primer mes, que ha pasado entre obligaciones varias, así que no quería que se me escaparan los últimos días sin haber puesto en limpio alguno de los buenos propósitos para este año.
Durante 2010 la movilidad fue el principal deterioro, así que conviene concentrarse en mejorar ese punto.
En realidad, son más obligaciones que buenas intenciones, pero allá van:
- Pasear cada día un poco. Eso contribuye a mantener un poco de forma física.
- Consultar con la fisioterapeuta si le convendría un andador o incluso una silla de ruedas esporádicamente.
- Vigilar que la medicación no sea más de la necesaria, para evitar efectos secundarios.
- Solicitar la tarjeta de aparcamiento para discapacitados.
- Reclamar la tarjeta de transporte público adaptado (solicitada hace ya semanas)
- Hacer un seguimiento de la lista de espera para obtener una plaza pública en la residencia.
Con esa guía y un poco de optimismo tal vez consigamos mantener el tipo.
22 enero 2011
Medidas desesperadas
Lo que debería haber sido algo relativamente sencillo se ha convertido en una pesadilla. En cada parte de la maniobra parecía que mi padre iba a caerse. Aunque yo iba intentando enviar mensajes tranquilizadores para él, lo cierto es que mi ánimo se acercaba al pánico. ¡Qué sencillo parece todo y qué complicado se vuelve cuando hay algún elemento que lo enturbia!
Quitar los zapatos. Quitar el pantalón que lleva puesto. Poner el pantalón nuevo. Tomar las medidas. Volver a quitar el pantalón nuevo. Volver a poner el pantalón que ya llevaba. Volver a colocar los dos zapatos.
Cuando la comunicación es nula y los movimientos se acompañan de convulsiones, el objetivo se vuelve un escollo terrible.Estaba cosiendo el pantalón. Pero lo he dejado porque me doy cuenta de que ahora podía y necesitaba narrar esto. Si conviene, el pantalón lo acabaré cosiendo en casa y trayéndolo mañana. Aunque yo creo que alcanzará para todo.